- Juan, si tú me hablas yo te hablo. Cuando me limpies las escamas, se te volverán pesetas; las tripas las entierras en estiércol; la sangre la echas en una pecera; la cabeza se la echas a la perra y la cola a la yegua; los trozos os los coméis tú y tu mujer.
Al año siguiente la mujer tuvo dos niños, la perra dos perritos, dos espadas aparecieron en el estiércol, y la yegua parió dos potros.
Cuando los niños crezcan, cada niño tendrá un caballo, un perro y una espada.
Cuando los niños fueron grandes, en un reino cercano había una serpiente de siete cabezas, que se comía a una doncella del reino cada año.
Ese año le tocaba morir a la princesa.
Uno de los hijos de Juanillo el pescador le dijo a su madre:
-Échame la bendición, madre, que me voy a correr mundo.
El muchacho cogió un caballo, una espada y un perro, y se fue al reino cercano.
Cuando llegó al reino allí estaba la princesa, con un velo que le cubría el rostro. Se acercó a ella y ella le dijo:
-Váyase usted de aquí, que a las doce viene la serpiente a comerme.
El muchacho le respondió:
- Ni se la va a comer a usted, ni a mí tampoco.
Cuando dieron las doce, llegó la serpiente dispuesta a comerse a la princesa. Entonces el muchacho dijo:
- A espada mía, a caballo mío y a perro mío, y mató a la serpiente.
Después el muchacho cortó la lengua de cada una de las siete cabezas de la serpiente, se las guardó y se fue con la princesa.
Un arriero que pasaba por allí, vio a la serpiente muerta y le cortó sus siete cabezas. Cuando llegó al castillo dijo a todos que había matado a la serpiente, y le dijo al rey que la serpiente se había comido a la princesa.
Organizaron una fiesta en honor del arriero, ya que ninguna doncella más sería entregada a la serpiente, y el rey dio al arriero oro y tierras.
Pasados unos días llegó el muchacho al castillo y les dijo a todos que había matado a la serpiente, pero nadie le creía.
El arriero dijo que era él quien había matado a la serpiente, y que por eso tenía las siete cabezas.
Entonces el muchacho sacó de su bolsillo las siete lenguas y dijo:
- Mira cabeza por cabeza, para ver cuál tiene lengua.
Entonces todos descubrieron que fue el muchacho quien realmente mató a la serpiente.
Además, el muchacho dijo al rey que su hija estaba viva en una aldea cercana.
El rey, al descubrir el engaño del arriero le quitó el oro y las tierras y lo expulsó del reino.
Al muchacho le dio oro y tierras y se casó con la princesa y fueron felices.
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